Para mí 2014 ha sido un año de cambios, de aprendizaje y de meditación.
Acabo de leer un blog titulado “Dime con quién vas y te diré cómo te sientes” que, básicamente, habla de dejar atrás lo negativo y abrazar lo positivo refiriéndose, en este caso, a las personas. Y me he dado cuenta de que es algo parecido a lo que he hecho yo este año.
Para empezar, la relación con mis amigas era diferente. No las culpo a ellas, quien había cambiado era yo que había abierto los ojos.
Ellas llevaban tres años viviendo juntas en el mismo piso y, aunque estudiasen cosas diferentes, se veían todos los días y compartían muchos momentos juntas. Yo, durante esos tres años, he vivido en la misma ciudad que ellas y, el primer año no salía de su piso porque iba todos los días a verlas. Pero eso cambió, porque dejé de ser la tonta que se mueve por los demás y, me di cuenta de que si yo no me movía, no se movía nadie por mí. La que era mi mejor amiga no contestaba a mis llamadas ni a mis mensajes y cuando lo hacía siempre ponía la misma excusa seguido de un “…y tía, para lo que necesites. Sabes que somos amigas y que siempre estaré.” que era falso. Nunca ha estado cuando realmente la he necesitado porque, que yo sea quien esté mal y tenga que ir a tu casa a que me consueles, no es estar. Me di cuenta tarde de esto cuando, un día, desconsolada miré mis contactos en el móvil y vi que no tenía con quién hablar, a quién contarle mis “problemas”, que estaba sola rodeada de gente. Decidí dejarlas y seguir mi propio camino.
En ese camino aparecieron (ya estaban desde hacía tiempo intentando abrirme los ojos) mis amigos de la infancia junto a chicas que han ido apareciendo en mi vida y que, sin darme cuenta me aportaban más, desde años atrás, que ninguna de mis antiguas amigas. Siempre han estado para preguntarme qué tal me va todo, cosa que, durante tres años, me había faltado de mis antiguas amigas. Lo genial que es tenerlas para todo no se puede medir. La sensación de que importas, de que cuando les escribas un mensaje o una llamada tendrá respuesta no sé explicarlas. Simplemente es genial.
Además, he conocido a gente de otras comunidades que, ahora, no pueden no estar en mi vida. Juse, Nano, Rubén, Rocío y Pablo. Los tres primeros (entre los que está el creador de “Cartas a Nadie”) fueron una casualidad en un rato de cachondeo por Chatroulette, la mejor casualidad de mi vida ya que, sin conocernos aún en persona, siempre han estado cuando lo he necesitado, sobre todo e incondicionalmente Juse. Rocío, vino más tarde (ligada a los tres locos) otra bonita casualidad. Y Pablo, que siempre ha estado, pero tonta de mí que no sabía verlo. Puedo decir que, a día de hoy, Pablo es una persona que no puedo no tener en mi vida. Si no está, yo no soy.
Luego, allí donde estudio, puedo decir que estoy rodeada de las mejores personas que me he podido encontrar. Me hacen ser un poco más feliz.
Para resumir un poco, he conocido a gente maravillosa y he aprendido a rodearme de quien me hace bien. Y, como consejo os digo que eliminéis de vuestra vida a aquellas personas tóxicas que no os aportan nada. Haceos esta serie de preguntas y descubrid quién cuenta y quien no: ¿Soy feliz? ¿Esta persona me hace feliz? ¿Me hace sentir bien conmigo misma? ¿Me enriquece como persona? ¿Le importo? ¿Me valora? ¿Me respeta? ¿Me tiene en cuenta? Y la más difícil de plantearse: ¿Me importa él/ella a mí? ¿Soy lo que necesita?
Sed fuertes y luchad por vuestra felicidad que es lo que más importa. Sed egoístas. Mirad por vosotros y SED FELICES.